Había parado de llover.
Se dejaba ver, entre densas nubes, la luz de la ansiada luna, mientras la calle distaba mucho de estar seca. Miles de hojas, como sábana amarilla raída, entre charcos y gotas que seguían cayendo porfiadamente desde los techos.
Prendí un cigarro, aliviada...
Había pasado.
Prendí un cigarro, aliviada...
Había pasado.
El tornado, dejando la impresión de que somos nada y que somos todos a la vez.
La noticia de esa noche de drogas de diseño. Y nosotros, padres de hijos muy lejos de todo eso, suspiramos en paz...
La suerte de la hora de Dilma, con un sabor a pueblo triste.
Había pasado también la tarde de mí, hoy sí tan “me parece”, después de un ayer de “no me parece nada”... tan yo, eso de pura bobasentimentalona.
Este café no me hace acordar a mis boliches queridos. Acá hay luz. Demasiada... y gente que, en general, tampoco me dice nada.
Hasta que veo al viejo en el mostrador. Bueno, capaz que ni viejo... un poco más que yo, ¿o mucho más?... No. Solo aparenta más. No es habitué, pero sí conocido.
Es decir, no interactúa con el personal con la confianza evidente de parroquiano, pero no necesita pedir que le completen el vaso. Su cara se va endureciendo a medida que pasa el rato. Ni preocupado ni triste. Solo está.
Yo pido un café en vaso, me alcanza medio sobre de edulcorante —para que sea bastante perfecto— y te escribo:
“Yo quería
probar tu boca,
descubrir el calor
de tus entrañas.
Quería sacar de vos toda la fuerza,
vencer con un beso tus “debo”,
con agallas.
Yo quería que midieras mi cabeza,
que asaltaran a la tuya las certezas,
que soltaras un segundo de tu peso,
que aceptaras, sin perdones,
tu extrañeza.”
Me detengo.
Es noche de Libertadores.
Llega más gente y mi circunstancial compañero de noche recibe dos amigos en su mostrador ya sostenido... y se anima.
Repaso por qué a Rosario le dicen “Canalla” y a Huracán le dicen “El Globo”, y busco fotos.
El episodio para Rosario fue puesto por los hinchas de Newell’s ante la negativa de los clásicos rivales de participar en un partido a beneficio de los enfermos de lepra del hospital Carrasco (solo porque lo organizó Newell’s). Hasta hoy, “canallas” y “leprosos” se pasan factura por el episodio de 1920.
Por otro lado, en 1909, Jorge Newbery hizo una travesía de Belgrano a Bagé en su globo aerostático “Huracán”. El club entonces se fundó inspirado en él y su hazaña, y cuando lograron el triple ascenso de tercera a primera, le enviaron un telegrama diciendo algo así como: lo logramos, hemos conquistado la primera división luego de pasar tres categorías, así como el globo cruzó tres repúblicas.
Me parece maravilloso... es donde el fútbol se une con la poesía, la sociología y la historia.
Lo que habrá sido para los hombres de su tiempo ver ese globo atravesar Buenos Aires, y cómo lograron sentir que su veloz ascenso futbolístico fuera una aventura comparable; cómo un evento solidario igual no puede aplacar la disputa con el tradicional rival.
Están buenas las fotos...
Repaso por qué a Rosario le dicen “Canalla” y a Huracán le dicen “El Globo”, y busco fotos.
El episodio para Rosario fue puesto por los hinchas de Newell’s ante la negativa de los clásicos rivales de participar en un partido a beneficio de los enfermos de lepra del hospital Carrasco (solo porque lo organizó Newell’s). Hasta hoy, “canallas” y “leprosos” se pasan factura por el episodio de 1920.
Por otro lado, en 1909, Jorge Newbery hizo una travesía de Belgrano a Bagé en su globo aerostático “Huracán”. El club entonces se fundó inspirado en él y su hazaña, y cuando lograron el triple ascenso de tercera a primera, le enviaron un telegrama diciendo algo así como: lo logramos, hemos conquistado la primera división luego de pasar tres categorías, así como el globo cruzó tres repúblicas.
Me parece maravilloso... es donde el fútbol se une con la poesía, la sociología y la historia.
Lo que habrá sido para los hombres de su tiempo ver ese globo atravesar Buenos Aires, y cómo lograron sentir que su veloz ascenso futbolístico fuera una aventura comparable; cómo un evento solidario igual no puede aplacar la disputa con el tradicional rival.
Están buenas las fotos...
Anuncian lluvias para toda la semana. Tengo que terminar mucho trabajo... tengo que caminar más... puta carajo!. Que no llueva. Todavía tengo cosas para quemar que no son precisamente solo calorías.
Se van los tres... cómo los gestos me permiten recrear el diálogo!, aun sin escucharlos.
Me quedo un rato más y llamo al mozo.
—Otro café, por favor.
Y te escribo de nuevo...
No parece un bar, sino más bien un aeropuerto.
Como el Newbery de Huracán.
Con sus mostradores, bienvenidas y despedidas.
Con ese ir y venir, y viejos menos viejos de lo que son, y bobasentimentalonas tomando café.
Como vuelvo a aterrizar, inevitablemente, en tu boca.
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