Miro la foto. Lo reconozco.
La forma que tiene de ir detrás de lo que quiere, como si no tuviera opción. Y en realidad no la tiene; eso que sabemos que nos hará feliz, que nos completa desde un lugar que nada ni nadie más lo haría, no nos deja opción.
Para muchos son una idea, algo lejano, y cómo tales quedan ahí.
Para otros, por más que sean claros y entusiasmen, pueden más los miedos o dudas, y renuncian antes de empezar.
Y después están los que como él, no sólo saben soñar, sino que los hacen realidad.
Y me encantan él y sus sueños.
En la foto superior está la Troika en el '93.
La foto fue tomada en nuestra primer casa.
Ese mural lo pinté resumiendo un poco lo que ya era una historia completa. Nuestra locura por el sol, el mar, la música. Un "Mali" que fusiona nombres, y el barco que si bien recordaba que se lo había llevado años atrás, también era un homenaje por ser el dueño del viaje que me lo había devuelto.
Abajo, la Benelli.
Esta vez con todo el tiempo, con toda la libertad.
Esta vez en el jardín de la casa que vimos crecer y vio crecer a los gurises.
El día que me dijo la idea, no me sorprendí. Sentí lo mismo que cuando se fue.
Que no podría vivir sabiendo que no le da forma a sus sueños por dudas o temor, o que elige la renuncia antes de intentar.
Porque compartir sueños, no se trata de nosotros.
Se trata de que cada uno nunca deje de cumplir los propios.

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