
Me había olvidado del frío en la cara,
ese que corta un poco, que duele y que te hace respirar cortito.
Me había olvidado cuánto disfruto mirar las hojas rodar,
en círculos, anunciando lluvia, aunque después no llueva.
Me había olvidado del café en un bar, sola a media tarde, sin apuro.
A veces me olvido de cosas.
No sé, por ejemplo, dónde guardé la manta verde, hace días que la busco y no aparece.
Sin embargo, nunca, nunca me olvido de lo lindo de verte respirar,
un segundo después de ser mío.
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