Cumpleaños


No sabía si quería festejar. Entre el tedio anticipado de limpiar y ordenar del pre, y de ordenar y limpiar del post, y la inevitable sombra que me persigue desde hace un tiempo como nube, no sabía.

Me encanta cumplir años; es una fiesta interior que no sé describir muy bien.
Como si no importara nada ese día —esos días, la semana—, a veces desde que empieza octubre.

No sé si los años se suman o se restan, no sé si sé algo más que a los veinte o a los cuarenta.
Creo que simplemente dejé que pasaran como quisieran, independientes de mí, haciendo lo que pudieran con lo que soy.

En esas dudas, con esas reflexiones, la lista se armó sola.
Sabía con quién quería estar, aunque no estuvieran presentes, aunque no estuvieran todos, incluso sin festejo.
Los tuve conmigo toda la semana.

No sabré nunca por qué, pero cada un@ que me piensa y pienso es mi único privilegio.
Porque no sé si hay méritos o merecimientos, si hay huellas o señales, o simplemente pasó que dejé que me quisieran.

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